No es la musa la tinta que escribe los versos
tampoco es el papel en que quedan impresos,
pero si la forma con que eclipso lo ordinario
es el sentido con que tuerzo la realidad
y maquillo los estrechos pasos del tiempo.
La musa no existe más que en mi mirada
más que en mis labios,
más que en mis manos,
en el silencio o el cielo,
la musa no existe más que para mí,
yo se la robé a Dios
y él como castigo me dió
la vaguedad de mis versos
para cantarle al mundo en rimas
la belleza de mi musa.
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