Dígame usted señor
lugar y agredidos
ojos desmayados y cántaros vacíos,
dígame usted
como le hablo en las mañanas
y desgasto sus latidos,
no importa baños fríos
ni ojos en el abismo.
Diga hombre,
como hago con sus tantas manías
para disimularlas como dotes de garbo,
cuénteles como presume de sus segundos
y le alabo sus filosofías.
Bella y despierta
despego a la mentira,
soy teatro de deseo
y llanto en el silencio.
Ahogo los sabores
y vierto los temores en copas de sudor,
olvido lo pasado
y recojo por las noches
las sobras del presente.
Salgo triunfante,
sin corazón abatido
ni recuerdos para un extraviado amor.
No llevó ni placer conmigo
tan solo la sensación
de un deseo ajeno ya cumplido.
Limpio las repisas
y vendo mi cuerpo después del ocaso ,
duermo para no pensar en lo merecido
sujetándome a lo no vivido aún.
Ahora si, dígame usted señor
qué tanto mal he concebido
qué tan culpable mi alma
tanto como el que de ella
también ha bebido,
porque quien da y quien recibe
van por el mismo camino.
Hable hombre y no aparte de usted lo vivido
que las noches de anís
y mis orgasmos fingidos
fueron más suyos que míos,
que quien paga recibe
y usted fue complacido.
Venga y véndame
pues ahora yo soy quien compra sus vacíos
porque ya los míos yo llene
con tanta desgracia y fallidos amores.
Véndame los momentos,
las miradas largas
y las conquistas con serenata
de aquella fiel paloma
que ha domado usted
entre desilusiones y amarguras.
Anda hombre
y siga prostituyendo
lo sagrado,
que al menos para cuando cuenten mis faltas
la soledad será mi gracia.
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