“No me hables más Clemencia de cómo se ama digna,
si tú no te dignaste a amar.”
Bésame con días largos
y noches cortas,
bésame envolviendo con muselinas
el alma
y despega del cielo las estrellas
cansadas de tanta soledad.
Ven y enciende con besos
la luciérnaga,
esa de luz santa
que no precipita pasos
para no deducir palabras.
Ocúltame en las utopías
y concibe nuestras sábanas
tendidas al cielo,
después de un largo tris
en el que agitamos los sueños.
Desenvuélveme en pétalos
marchítame la inocencia
ahórrame las palabras,
ya no me veas más niña
que las ansias no calman.
Bésame mi cielo
que de noche no se miran
los años que apenas cuentan,
y así esta luna
se llevará el candor primitivo
que me dividía en mujer
y Clemencia.
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